Set 24, 2006 | Sem categoria
Mensagem para o Dia de África – 2006
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1. As migrações forçadas, desesperadas e traficadas na/da região subsaariana são “sinal dos tempos” eloquentemente trágico dos desequilíbrios sociais a nível regional e de desigualdade de oportunidades de vida que caracteriza esta parte do hemisfério humano. Dois mundos – o europeu e o africano – aliados pelo Mediterrâneo, tão interdependentes, vizinhos e com imensa história em comum, tornam-se cada vez mais “estrangeiros” um face ao outro: por a riqueza de uns ter origem no empobrecimento de outros; e pelas fronteiras de uns terem sido impostas por aqueles que hoje se orgulham de as não ter mais.
2. Em 2002 foram feitas perto de 10.000 intercepções ao largo das Canárias. Em 2005 as autoridades recolheram, das frágeis embarcações 5.000 pessoas. Acredita-se que, pelo menos, nesse mesmo ano, outros 1.000 terão morrido no Atlântico, ao tentar a travessia a todo o custo, confiando mais no destino do que nos próprios “passadores”.
No entanto, relativamente ao ano em curso já se contabilizam cerca de 6.000 imigrantes subsaarianos (1.500 apenas na primeira metade de Maio) recolhidos com vida do mar pela polícia espanhola: uns acabam instalados em centros de detenção e outros são repatriados “à força”, fruto da negociação entre países de origem e de trânsito.
Ontem, em Ceuta e Melilla, uns saltaram muros e vedações super vigiadas. Hoje, outros, desejosos de chegar às ilhas Canárias – paraíso euro-atlântico – pagam a armadores de barcos duvidosos e aceitam a travessia em embarcações “à pinha” sem bússola, à deriva da própria ilegalidade.
Importa não esquecer que as praias de refúgio, tão procuradas na vizinha Espanha, poderão, em breve, situar-se na costa portuguesa insular ou continental…
3. Neste Dia de África que hoje se assinala, a OCPM e os Secretariados diocesanos da Pastoral de Migrações (SDPM), reunidos recentemente, saúdam todas as comunidades africanas a residir no País e agradecem o seu contributo para o progresso do país e testemunho de fé “integrada” nas paróquias. Afirmam a sua inteira solidariedade com os voluntários cívicos, homens e mulheres religiosos e defensores dos direitos humanos que procuram encontrar soluções humanas e justas, em Espanha, na Europa e África, para a “grave situação de emergência humanitária” que se continua a viver no Norte e Costa ocidental africana sem sinais de abrandar.
A nova vaga de imigrantes e refugiados subsaarianos é forte sinal de denúncia dos efeitos perversos da actual política de cooperação da União Europeia e política migratória e de asilo – de teor restritivo, repressivo e minimalista – para defender a fronteira externa da União Europeia (UE) da imparável e lucrativa imigração ilegal de que a própria UE é cúmplice no delito por não favorecer de forma legal, ordenada e “comunitária” a mobilidade de cidadãos de países terceiros e a sua justa e necessária integração.
4. Por fim, apelamos aos cristãos, aos homens e mulheres religiosos, seja qual for a religião, para que nas suas orações quotidianas pessoais e comuns celebrem a memória dos milhares de imigrantes e refugiados mortos no mar, no deserto, nas montanhas, nas fronteiras e mãos de traficantes, dos quais se desconhece a identidade de muitos. Que em Deus encontrem a definitiva Pátria de paz e felicidade, procurada para si e para os seus familiares nos tortuosos caminhos da ânsia da dignidade desencontrada por continuar a “não haver lugar para eles na casa comum”.
Porto, 25.05.2006
Obra Católica Portuguesa de Migrações com Secretariados Diocesanos da Pastoral de Migrações de Viana do Castelo, Porto, Bragança-Miranda, Lamego, Coimbra, Setúbal, Évora e Beja.
Set 20, 2006 | Sem categoria
A “Comissão de Migrações” do Conselho das Conferências Episcopais da Europa (www.ccee.ch) convocou para os dias 21 a 24 de Setembro, em Siguenza, Espanha, o Encontro Europeu dos Directores Nacionais da Pastoral de Migrações.
“Migração e juventude: chance para a Igreja e para a sociedade na Europa”, será o tema de trabalho que irá servir de troca de experiências, dificuldades e êxitos entre 26 Conferencias Episcopais da Europa.
A “Comissão de Migrações” do CCEE, presidida por D. Luís Pelâtre, vigário apostólico de Istambul (Turquia), é constituída por representantes de 5 países, entre os quais se conta Portugal, representado pela OCPM, orgão executivo da Comissão Episcopal da Mobilidade Humana da CEP.
Mais informações em : http://www.conferenciaepiscopal.es/
Rui Pedro / OCPM
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Programa Geral
Del 21 al 24 de septiembre se celebrará en Sigüenza (Guadalajara) un Encuentro de directores nacionales de la pastoral de Migraciones en Europa.
Migraciones y juventud es el tema central del Encuentro que organiza anualmente el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE).
El encuentro anual de directores nacionales de la Pastoral de Migraciones en Europa se celebrará este año en Sigüenza (Guadalajara) del 21 al 24 de septiembre, convocado por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE). Alrededor de 50 especialistas -obispos, directores nacionales de migraciones de 25 conferencias episcopales de Europa y expertos- se darán cita en nuestro país para hablar sobre Migración y Juventud: una oportunidad para la Iglesia y para la Sociedad en Europa.
Por parte de la Conferencia Episcopal Española participarán el obispo de Sigüenza-Guadalajara y Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones, Mons. José Sánchez, y la directora del secretariado de la citada Comisión, Pilar Samanes. También estarán representadas las Conferencias Episcopales de Albania, Austria, Bélgica, Bielorrusia, Bosnia-Herzegovina, Conferencia Episcopal Internacional de San Cirilo y Metodio (Serbia y Montenegro-Macedonia), Croacia, Francia, Alemania, Inglaterra y Gales, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Escandinavia, Eslovaquia, España, Suiza, Turquia, Hungría, y Ucrania latina y bizantina. En este encuentro participan igualmente representantes de la COMECE y de Cáritas Europa.
PROGRAMA
Jueves 21 de septiembre
Llegadas
18,00: Apertura
– Oración
– Palabras de Bienvenida: Obispo Louis Pelâtre,
Presidente de la Comisión de Migraciones de las CCEE
– Presentación de los Participantes
– Introducción
21,00: Cena
Viernes 22 de septiembre
7,15: Santa Misa
8,00: Desayuno
9-10,30: Juventud y Migración: una visión descriptiva
– Conferencia: Prof. Lorenzo Prencipe, Roma
– Respuesta: Prof. José da Silva, Paris
– Discusión
10,30: Pausa para el Café
11,00-13,00: La situación pastoral en cuatro países: Mesa Redonda
– Discusión
13,30: Comida
15,30-16,00: Juventud y Migración: una aproximación desde la Conferencia Episcopal Portuguesa. Conferencia del P. Rui Manuel da Silva Pedro, Lisboa
16,00-19,00: Trabajo en grupos
19,30-20,30: Informe del trabajo en grupos en la Sesión Plenaria
21,00: Cena
Sábado 23 septiembre de 2006
7,15: Santa Misa
8,00: Desayuno
9-10,30: Una reflexión teológica-pastoral
don Pepe Magaña, Bruselas
– Discusión
10,30: Pausa para el Café
11,00-12,30: Trabajo en grupos
12,30-13,00: Informe del trabajo en grupos en la Sesión Plenaria
13,30: Comida
15,00: Visita Turística a Sigüenza
18,30-20,30: Trabajo en grupos: Propuestas y Recomendaciones
21,00: Cena
Domingo 24 de septiembre
7,15: Santa Misa
8,00: Desayuno
9-12,00: Sesión Plenaria
– Presentación del Boletín de Prensa
– Aprobación de las Recomendaciones de las Conferencias Episcopales
– Evaluación del Encuentro y sugerencias de temas para la próxima reunión
– Conclusiones
13,00: Santa Misa en la Catedral de Sigüenza
Comida
Set 20, 2006 | Sem categoria
Queridos diocesanos:
En pateras y en cayucos siguen llegando miles de inmigrantes del África Negra o Subsahariana a nuestras costas, sobre todo a las Islas Canarias. Algunos llegan muertos; otros – ¿Cuántos? – han perecido en la travesía. Junto con los miles que entran por aeropuertos y demás costas y fronteras, constituyen el “ejército de reserva” de la Europa próspera, que hoy los necesita como mano de obra más barata y como alternativa a la falta de jóvenes y niños en una Europa que envejece a un ritmo similar al que enriquece.
Alguien habla de la tercera fase de esclavitud del Continente Africano, del “Continente olvidado”. La primera fue la “venta de esclavos”, a raíz de la necesidad de mano de obra barata y resistente para los duros trabajos en el recién descubierto Continente Americano. La segunda, la explotación y el despojo de sus materias primas por parte de las potencias coloniales europeas.
Nadie pone en duda que la principal causa de los actuales movimientos migratorios de África hacia Europa es la violencia que ejerce el escandaloso desnivel económico, la falta de trabajo y de desarrollo y la presión demográfica. En los exiliados y solicitantes de refugio, además, la persecución y la amenaza.
Afrontar seriamente el fenómeno de las migraciones y el remedio de las causas que las originan llevaría necesariamente a plantearnos en los países ricos y desarrollados una ayuda generosa sin precedentes y de larga duración, hasta conseguir elevar el nivel de desarrollo y de bienestar y crear posibilidades de trabajo, que hicieran innecesaria la salida del país. Se trataría, en definitiva, de hacer posible el derecho a no tener que emigrar, manteniendo intacto el derecho de toda persona a emigrar.
Hoy no se perciben signos convincentes de que las cosas vayan en esta dirección. Ni en los países ricos, en su miserable y mezquina ayuda al desarrollo, cuyos programas y promesas electorales van dirigidas casi exclusivamente a mejorar el nivel de vida de los connacionales; ni en los países pobres, cuyos gobernantes no siempre están más interesados por el bienestar de sus ciudadanos que por el propio o el de su familia, por la defensa del poder y el mantenimiento de sus privilegios. Como consecuencia, seguirá existiendo la necesidad de emigrar.
Pero, ¿cómo? Aquí también la respuesta es clara: Así no. Abandonados a su suerte, manejados por las mafias, con inhibición – ¿O con complicidad? – de las autoridades de sus países de origen; en frágiles embarcaciones, con largas y peligrosas travesías, con un futuro incierto, acogidos provisionalmente, por muy de alabar que sean el esfuerzo y la generosidad de los responsables de la acogida y del voluntariado en las costas de llegada, trasladados a otras zonas de la Península, orientados a los lugares donde conocen una persona o tienen la referencia de un teléfono, vagando en muchos casos sin rumbo y en busca de un trabajo, “como sea”… Claramente, así no.
Corresponde, a las autoridades de los países europeos y en general a los países desarrollados establecer con los países de origen de los inmigrantes cauces de colaboración y medidas y convenios que contribuyan a la justa regulación de estos flujos migratorios, garantizando, en primer lugar, la dignidad y los derechos fundamentales de las personas. Sólo así puede la emigración contribuir a solucionar el desequilibrio entre los países desarrollados, de baja natalidad, y los países con alto crecimiento demográfico y pobreza de recursos, de desarrollo y de trabajo. En este proceso, es gravemente arriesgado que un país camine en solitario y huya hacia delante con leyes y normas que pueden convertirse, más pronto o más tarde, en un bumerang para el mismo país.
Entretanto, para nosotros, los inmigrantes son, ante todo, personas, con la misma dignidad y los mismos derechos fundamentales que nosotros; para los cristianos, son nuestros hermanos. Por consiguiente, nuestro trato con ellos ha de ser del máximo respeto a su identidad y a sus diferencias, de disposición para la acogida fraterna, de ayuda solidaria, de defensa de sus derechos y de empeño en contribuir a sensibilizar nuestra sociedad y, con más razón, nuestra Iglesia y a todos los cristianos en la cultura del respeto, de la convivencia, de la ayuda mutua, de la solidaridad y del amor cristiano.
Más difícil tenemos poder influir en eliminar o paliar las causas de la pobreza y del subdesarrollo. Hay quienes ya lo están haciendo desde hace siglos; pero son pocos. Son, por ejemplo, los misioneros y algunos cooperantes. Sirven a los más pobres de los pobres, sin esperar nada a cambio, a veces con riesgo de sus vidas. Les llevan, con la Buena Noticia del Evangelio, ayuda material, cultura, salud, formación profesional y promoción, ejemplo para el compromiso por los demás…
He aquí un excelente camino, ya abierto, para atajar, al menos en parte, las causas que obligan a emprender a la desesperada la aventura de una emigración de alto riesgo y sin destino claro. Si no nos sentimos llamados a esta noble misión, al menos ayudemos generosamente a quienes ya la están cumpliendo.
Os saluda y bendice vuestro Obispo
17.09.2006
+José Sánchez González
Bispo de Sigüenza-Guadalajara
e Presidente da Comissão Episcopal de Migrações
Set 20, 2006 | Sem categoria
RESPUESTA A UNA PREGUNTA
Con respecto al fenómeno de las Migraciones, muy especialmente de la venida de emigrantes senegaleses en cayucos a las costas de las Islas Canarias, algunos se preguntan, entre ellos D. Xavier Pomés, “Médico y Exconseller de Sanitat y de Interior de la Generalitat de Catalunya” en La Vanguardia del 06-09.2006: “¿Dónde está la Conferencia Episcopal?”
La pregunta es siempre legítima. Pero mejor planteada estaría la pregunta: “¿Dónde está la Iglesia? Ésta pregunta tiene una respuesta fácil y contundente: “la Iglesia está con los emigrantes, antes de salir de su país y cuando llegan a su destino”.
Efectivamente, desde hace siglos, la Iglesia, sobre todo por la Obra de las Misiones y de otras de colaboración, está trabajando en los países de origen, también en Senegal, por la promoción integral de las personas, desde la fe y el seguimiento de Jesús, Buena Noticia para los pobres, capaz de poner en pie y en camino a quienes han sido abandonados a sus suerte.
La Iglesia está en Canarias, como está en Ceuta y en Melilla, en Cádiz y en Málaga. Allí las diócesis, por medio de sus servicios, especialmente de Pastoral de las Migraciones, Caritas y parroquias, personas profesionales y voluntarios, sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares, acogen, acompañan, ayudan a los inmigrantes, les ofrecen servicios de todo tipo y abren caminos para la convivencia fraterna y la integración.
La Iglesia está en todas las diócesis de España, incluidas obviamente las de Cataluña y del País Vasco, a donde llegan, directamente o remitidos desde Canarias, los nuevos inmigrantes. En todas las diócesis y en todas las parroquias se han reforzado y desarrollado los servicios a los inmigrantes y el trabajo de sensibilización de la población para que sean tratados conforme a su dignidad y sus derechos fundamentales y se han creado servicios de cogida y de acompañamiento. Las Caritas diocesanas y parroquiales han aumentado sus efectivos y mejorado sus servicios…
La Iglesia está también evidentemente en la Conferencia Episcopal y en los servicios de la Santa Sede. En este sentido, sería muy largo presentar la lista de documentos, de notas y de pronunciamientos, tanto de la Santa Sede, empezando por los Papas, como de la Conferencia Episcopal en sus diversos niveles: Asamblea Plenaria, Comisión Permanente, Comisión Episcopal de Migraciones.
Limitándome a esta última, son conocidas las notas sobre los sucesos de Melilla y Ceuta del año pasado, la Nota de la última Asamblea de Delgados Diocesanos de Migraciones, en la que estaban presentes los delegados diocesanos de Canarias y de Tenerife, etc.
Puede que demos la impresión de que hablamos poco. Pero tenemos derecho a pedir que se nos juzgue más por lo que hacemos que por lo que decimos o dejamos de decir. De todos modos, sería pretencioso esperar que la Iglesia solucione el pavoroso problema estructural de desequilibrio económico y de desarrollo, creado por los países ricos y poderosos, causa primera de las migraciones incontroladas. Tampoco está en manos de la Iglesia el control de las mafias que viven de este sucio negocio del tráfico de personas, otra de las graves causas de la emigración ilegal.
Finalmente, sería también un error o una “cortina de humo” hacer responsable a la Iglesia de las leyes de emigración y extranjería, que dejan siempre mucho que desear y que tienen también su parte proporcional en los desastres que se derivan de algunos movimientos migratorios.
07.09.2006
+ José Sánchez González
Bispo de Sigüenza-Guadalajara
e Presidente da Comissão Episcopal das Migrações
Set 16, 2006 | Sem categoria
CARTA DO PAPA BENTO XVI
AO CARDEAL LUBOMYR HUSAR,
ARCEBISPO-MOR DE KIEV-HALIC
(UCRÂNIA)
Ao Senhor Cardeal LUBOMYR HUSAR
Arcebispo-Mor de Kiev-Halic
“Se alguém tem sede, venha a mim; e quem crê em mim que sacie a sua sede! Como diz a Escritura, hão-de correr do seu coração rios de água viva” (Jo 7, 37-38). Estas palavras do Senhor ressoam no meu coração, enquanto penso na Igreja Greco-Católica Ucraniana, que se prepara para comemorar os tristes acontecimentos de que foi testemunha, no início de Março de há sessenta anos, a Catedral de São Jorge em Lviv. Embora fossem perseguidos, oprimidos e privados dos seus próprios Pastores por um sistema estatal ideológico e desumano, os crentes em Cristo na Ucrânia permaneceram fiéis à herança espiritual de Olga e Vladimiro, quando o Baptismo por eles acolhido se manifestou em conformidade com as palavras do amado João Paulo II, na Carta Apostólica Euntes in mundum, como “um elemento decisivo para o progresso civil e humano, revestindo-se de muita importância para a existência e para o desenvolvimento de todas as nações e de todos os Estados” (n. 5).
Infelizmente, nesses tristes dias de Março de 1946 um grupo de eclesiásticos, reunidos num pseudo-Sínodo que se arrogou o direito de representar a Igreja, atentou gravemente contra a unidade eclesial. Em seguida, intensificaram-se as violências contra quantos tinham permanecido fiéis à unidade com o Bispo de Roma, provocando ulteriores sofrimentos e obrigando a Igreja a descer novamente às catacumbas. Contudo, mesmo no meio de provações e sofrimentos indizíveis, a Providencia Divina não permitiu o desaparecimento de uma comunidade que, durante séculos, foi considerada uma parte legítima e vivaz da identidade do povo ucraniano. Desta maneira, a Igreja Greco-Católica continuou a manifestar o seu próprio testemunho de unidade, de santidade, de catolicidade e de apostolicidade da Igreja de Cristo.
A recordação daquilo que teve lugar há sessenta anos deve tornar-se um estímulo para a comunidade confiada às solicitudes pastorais da reorganizada Hierarquia Greco-Católica na Ucrânia, para aprofundar o seu vínculo íntimo e convicto com o Sucessor de Pedro. Daquela Igreja, purificada pelas perseguições, brotaram rios de água viva não somente para os católicos ucranianos, mas para toda a Igreja Católica espalhada pelo mundo. No caminho paciente da fé vivida no dia-a-dia, na comunhão com os Sucessores dos Apóstolos, cuja unidade visível é garantida pelo Sucessor de Pedro, a Comunidade católica ucraniana conseguiu conservar viva a sagrada Tradição em toda a sua integridade. Para que este precioso património da “Paradosis” sobreviva em toda a sua riqueza, é importante assegurar a presença das duas grandes correntes da única Tradição a latina e a oriental ambas com a multiplicidade de manifestações históricas que a Ucrânia soube expressar. Dúplice é a missão confiada à Igreja Greco-Católica, em plena comunhão com Pedro: a sua tarefa consiste, por um lado, em favorecer o encontro das tradições, testemunhando assim não apenas a sua compatibilidade, mas inclusive a sua profunda unidade na diversidade.
Venerado Irmão, rezo a fim de que este aniversário se torne, como o amado João Paulo II pôde escrever na Carta Apostólica Aproxima-se, “uma súplica ao Espírito Paráclito, para que faça desenvolver-se tudo aquilo que favorece a unidade e infunda coragem e fortaleza em quantos se comprometem, em conformidade com as orientações do Decreto conciliar Unitatis redintegratio, nesta obra abençoada por Deus. É súplica para alcançar o amor fraterno, o perdão das ofensas e das injustiças padecidas na história” (n. 11).
Uno-me espiritualmente à acção de graças, que é celebrada na consciência conjunta da missão comum, de obedecer ao mandato de Cristo: Ut unum sint. Invoco Maria, a Theotokos, bem como os numerosos mártires que adornam o rosto das vossas comunidades e do íntimo do coração concedo uma especial Bênção Apostólica ao Senhor Cardeal, aos Bispos, aos sacerdotes, aos consagrados e aos fiéis da Igreja Greco-Católica Ucraniana, como penhor do meu carinho e da minha lembrança constantes.
Vaticano, 22 de Fevereiro do ano de 2006, festa da Cátedra do Apóstolo São Pedro.
PAPA BENTO XVI
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